A ver si aprendemos de una vez

Nueva carta sobre el comercio de libros. [Getafe]: Playa de Ákaba, 2014. 277 p. (Breve; 2). ISBN 978 -84-941451-7-9. 12 € en paper, 2,99 € llibre electrònic.

Provengo del ámbito de las Bellas Artes. Esto me ha permitido presenciar las precariedades a las que se somete a los creadores en ese ámbito. En la disciplina de la literatura, soy consciente, la cosa no está mucho mejor. Los escritores se ven asediados por las malas prácticas de editoriales y autoridades supuestamente competentes, por la amenaza de la piratería, por concursos amañados, por los cotos vetados que son los medios de comunicación...

Su creatividad se ve constreñida por las modas caprichosas a las que deben pegarse para ser publicados, la publicación sin adelanto de uno de sus libros debe ser celebrada, su entusiasmo y vocación son usados en su contra por gente sin escrúpulos... Los libreros, editores y lectores (y la sociedad, por extensión) tampoco se libran de las repercusiones de esta penosa situación (de hecho, probablemente los lectores sean uno de los colectivos más damnificados por todo este asunto; pero ya llegaremos a eso). En fin, que así de mal está el patio. Y, sorprendentemente, este panorama se ha mantenido a lo largo del tiempo con apenas transformaciones. Quizás podríamos decir que, en algunos aspectos, estamos todavía peor que antes.

El paradigma del escritor siempre ha sido difícil. Ya Cicerón copiaba textos, en un homólogo de la piratería actual. Ya Cervantes señalaba la existencia de la «piratería» literaria en El Quijote. Ya Victor Hugo se lamentaba de que su editor le robaba como en un bosque oscuro. Ya en la Francia de 1763 tuvo Denis Diderot que redactar un texto que reivindicara los derechos del autor y la dignidad de su trabajo. Este último texto, por cierto, se bautizó como Carta sobre el comercio de libros [1] y es al que el título del libro que hoy vengo a reseñar hace referencia. Ni que decir tiene que la mayoría de los autores de la «Nueva carta» citan fragmentos de su precedente. Como digo, la cosa apenas ha cambiado pese al tiempo que ha transcurrido desde entonces.

Nueva carta sobre el comercio de libros incluye veintiséis escritos breves de autores actuales. Escritos que abordan el valor del libro, de la lectura, de la cultura. Escritos que son una sombría y amarga constatación de los fallos del paradigma actual: un sector editorial que solamente busca el beneficio económico (y haciéndolo de forma bastante contraproducente, dicho sea de paso), un lector que tolera y hasta justifica el plagio y la piratería, un escritor que se siente impotente y vulnerable, etc. Unos cuantos de los redactores de estas cartas aventuran propuestas para cambiar las cosas. Se cita a Diderot en algunos aspectos, y en otros se redefinen ciertas nociones y se las adapta al contexto contemporáneo.

Pero la conclusión de Nueva carta sobre el comercio de libros es casi unánime; de hecho, parece avalada por el subtítulo de esta recopilación de textos (El libro que todos los [...] amantes de los libros deberían leer). La responsabilidad de este cambio es del lector. No nos preocupemos. No es que nos carguen el muerto. De hecho, son conscientes de que el lector fiel es uno de los más perjudicados en la situación actual, dada la falta de variedad en la oferta editorial y el encarecimiento del precio de los libros como respuesta a la piratería o debido a las desorbitadas tasas de distribución. Es una víctima más. Lo que los autores piden al lector es que mantenga su fidelidad. Y su exigencia, la única que ayudará a mantener unos estándares de calidad en la producción actual. Da igual la incapacidad del paradigma crítico y cultural de dar respuestas a problemas contemporáneos; ¡todavía nos queda el lector!

Ah, no os inquietéis: lejos está este libro de caer en un discurso elitista. La cultura no se puede encorsetar solamente en los libros, y en ningún momento se impone que así sea. Pero es indudable que éstos juegan un papel fundamental, y si se derrumba este pilar, todo el edificio trastabillará. Tampoco es un libro, pues, egoísta. No es que los autores barran hacia su casa por interés. Abordan las problemáticas del mundo del libro porque es aquello con lo que están familiarizados por ser su vocación o, con suerte, profesión, y porque, como he comentado, son representativas de un contexto más amplio.

La mayoría de los escritos tiene el formato carta. Cartas indignadas enviadas a la atención del Presidente del Gremio de Editores, al Gobierno, a los editores avaros; cartas preocupadas mandadas a un colega escritor, perplejas por el absurdo del panorama. Demandan justicia que las ampare, ética. Piden más comprensión y empatía.

No son súplicas patéticas. Son un contundente y firme ¡Ya basta! Y de paso, un ¡Ayuda, por favor!, a aquellos lectores que siempre están allí.

Oriol Vigil
Colaborador de Un libro al día 


[1] Publicada modernamente en Barcelona por Seix Barral en 2013.

 

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